FIESTA DE LA CANDELÁRIA

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Ntra. Sra. de la Candelária (Sevilla)

El próximo día 2 de febrero se celebra la fiesta de la Candelaria, conviene hacer un poco de historia sobre la misma.

Se trata de una fiesta cristiana que conmemora la Presentación del Señor y la Purificación de María su madre.

Cumpliendo la ley de Moisés[1], a los cuarenta días de su nacimiento, Jesús fue presentado en el Templo, al mismo tiempo que su madre realizaba la ceremonia de su “purificación.” Esta fiesta ya se celebraba en Jerusalén antes del siglo IV.

Una vez determinada la fecha de la Natividad de Jesús, el 25 de diciembre, se fijó el día 2 de febrero (pasados los cuarenta días) para la Presentación del señor.

Así pues es una fiesta tanto del Señor como de la Virgen.

La Purificación de la Santísima Virgen es la fiesta instituida por la Iglesia en memoria del día en que Nuestra Señora fue al templo de Jerusalén para cumplir la ley de la purificación y presentar a su divino hijo Jesucristo.

La ley de la purificación era la ley de Moisés que obligaba a todas las mujeres a purificarse en el templo después del parto con la obligación de un sacrificio.

Como la Virgen era pobre, ofreció en el templo en su purificación el sacrificio de las madres pobres, que era un par de tórtolas o palominos.

Presentó a Jesucristo en el templo, porque por la ley antigua los padres tenían obligación de presentar a Dios sus primogénitos y de rescatarlos luego por cierta cantidad de dinero.

Dios había establecido la ley de la presentación de los primogénitos para que su pueblo recordase siempre que fue liberado de la servidumbre del Faraón cuando el Ángel exterminador mató a todos los primogénitos de los egipcios y salvó a los de los hebreos.

Cuando Jesucristo fue presentado en el templo fue reconocido como verdadero Mesías por un santo anciano llamado Simeón y por una santa viuda llamada Ana; Simeón le tomó en sus brazos, y dando gracias a Dios dijo el cántico “Nunc dimittis”[2], con que declaró que moría contento después de haber visto al Salvador; predijo, además, las contradicciones que había de padecer Jesucristo y las penas que habían de afligir a su santa Madre. La profetisa Ana, alababa y daba gracias al Señor de haber enviado el Salvador al mundo, y hablaba de ello a todos los que esperaban su venida.

Los padres y madres deberían el día de la Purificación, ofrecer sus hijos a Dios y pedirle la gracia de educarlos cristianamente.

El día de la Purificación se hace la procesión con candelas encendidas en la mano en memoria del viaje que hizo la Santísima Virgen con el Niño Jesús en los brazos, desde Belén al templo de Jerusalén y del júbilo que mostraron los santos Simeón y Ana al encontrarse con Él.

En la procesión que antiguamente se hacía el día de la Candelaria, se renovaba la fe en Jesucristo, y pedía nos ilumine con su gracia y nos haga dignos de ser admitidos un día en el templo de la gloria por intercesión de su Santísima Madre.

Su influencia ha trascendido hasta nuestros días, aunque de manera más lúdica que religiosa.

La celebración en muchos pueblos así como en Villacarrillo, se celebra o celebraba esa noche con el encendido de hogueras en los cruces de las calles, sacando los vecinos romaniza y muebles viejos para su combustión. Posteriormente y la hoguera reducida a ascuas, los chiquillos y menos chiquillos saltábamos la hoguera enfundada la cabeza con un pañuelo atados los cuatro picos del mismo para evitar “churrascarse” el pelo. Era una fiesta de convivencia y disfrute vecinal. ¡Que tiempos!.

En cuanto a la Purificación de la Virgen trascurridos cuarenta días desde el parto, tiene que ver hasta nuestros con la “cuarentena” de la mujer recién parida.

¿Quién no ha oído aquello de que después de un parto, hay que pasar la cuarentena… , antes de quedarse de nuevo embarazada?.

La presentación a los cuarenta días de su nacimiento de los primogénitos  en el templo, ya lo hizo la Reina Isabel II cuando acudió a la misa de parida en la iglesia de Atocha de Madrid el lunes 2 de febrero de 1852, cuando el cura Merino atentó contra su vida.

Sl2.

[1] Ley de Moisés. Antiguo Testamento.

Levítico 12:1 Habló Jehová a Moisés, diciendo:

Levítico 12:2 Habla a los hijos de Israel y diles: La mujer cuando conciba y dé a luz varón, será inmunda siete días; conforme a los días de su menstruación.

Levítico 12:3 Y al octavo día se circuncidará al niño.

Levítico 12:4 Mas ella permanecerá treinta y tres días purificándose de su sangre; ninguna cosa santa tocará, ni vendrá al santuario, hasta cuando sean cumplidos los días de su purificación.

Levítico 12:5 Y si diere a luz hija, será inmunda dos semanas, conforme a su separación, y sesenta y seis días estará purificándose de su sangre.

Levítico 12:6 Cuando los días de su purificación fueren cumplidos, por hijo o por hija, traerá un cordero de un año para holocausto, y un palomino o una tórtola para expiación, a la puerta del tabernáculo de reunión, al sacerdote;

Holocausto y expiación: Estas ofrendas servían para la purificación ritual de la mujer, aseguraban el perdón por algún pecado, expresaban gratitud y renovaban su dedicación a Dios.

Levítico 12:7 y él los ofrecerá delante de Jehová, y hará expiación por ella, y será limpia del flujo de su sangre. Esta es la ley para la que diere a luz hijo o hija.

Levítico 12:8 Y si no tiene lo suficiente para un cordero, tomará entonces dos tórtolas o dos palominos, uno para holocausto y otro para expiación; y el sacerdote hará expiación por ella, y será limpia.

[2] El Nunc dimittis, también llamado El cántico de Simeón, es un cántico del Evangelio de Lucas, así llamado por sus primeras palabras traducidas al latín, que significan “Ahora dejas”.

Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.

Porque mis ojos han visto a tu Salvador,

a quien has presentado ante todos los pueblos:

luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.

 

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Plaza de San Francisco o de La Tercia (Villacarrillo)

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Remodelación de la antigua plaza de la Tercia.

Me ha llamado la atención el nombre que se le ha dado a la antigua plaza de la Tercia o Tercias, que por cierto ha quedado muy bien después de su remodelación, felicidades a la corporación de D. Julián Gilaber.

Sólo hay que ponerle un “pero…”, ¿por qué se ha cambiado el nombre de La Tercia por el de Plaza de San Francisco?,  ¿en qué Pleno Municipal se acordó?;  y,  si se acordó, ¿Quién lo propuso?; supongo que sería alguien con ignorancia de la historia de su pueblo, y que por no molestarse eligió el nombre de San Francisco que es el nombre de la calle que tangencialmente discurre a lo largo de dicha plaza.

Lo llamativo del caso es que ningún miembro de la Corporación hiciera el menor alegato, olvidando que dicha plaza desde tiempo inmemorial se ha llamado “Plaza de la Tercia”, como así lo demuestra el plano  de 13 de abril de 1894 que acompaño.

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El nombre de Plaza de la Tercia o Tercias se debe a que en ella se ubicaba la casa donde se guardaban los tributos que  los cristianos hacían desde el principio del cristianismo a la Iglesia para su manutención, obras de fábrica y caridad; dichos tributos consistían en la décima parte de los productos de las tierras, pastos y bosques que trabajaban, esta décima es la que da el nombre de “diezmos”.

Sobre la antigüedad del diezmo, podemos ver que en España, ya San Isidoro (de Sevilla), escribió en el siglo VII en su comentario al Antiguo Testamento, hablando del sacerdocio, recuerda la obligatoriedad de entregar el diezmo (décima parte) de todo lo que produjera la tierra, con la obligación que con mas justicia tienen los cristianos regenerados por la nueva Ley evangélica de contribuir así al sacerdocio de la Iglesia.

Lo que confirma que la Iglesia reconocía la obligación de pagar el diezmo desde su establecimiento.

Es en el Concilio de Maguncia, a principios del siglo IX y por mandato del emperador Carlos Augusto, en que escriben lo siguiente

Amonestamos ó mandamos que se pague exactamente el diezmo de todo, porque así previno Dios que se diese; porque es de temer que a cualquiera que quita a Dios lo suyo, tal vez Dios por su pecado le prive de lo necesario”.

Este diezmo se dividía en tres partes o “tercias”, una para obras de fábrica (construcción de iglesias, catedrales, conventos, etc.), un segundo tercio para mantenimiento de la iglesia, cálices, vestimenta, aceite, alimentación de la clerecía, obras de caridad, etc. y un último tercio para la corona.

En el aspecto de obras de caridad, debo decir que nuestra casa-almacén de las tercias, conectaba por su parte trasera con el antiguo hospital de Nuestra Señora de la Concepción[1], enclavado en la calle San Lorenzo, hoy solar.

En un principio, el impuesto a la Corona, consistía en las dos novenas partes del diezmo eclesiástico correspondiente a la tercia de fábrica entre el conjunto de los ingresos de cada diócesis, este impuesto a la Corona, tuvo originalmente en el siglo XIII un carácter extraordinario, siendo el resultado de una concesión graciosa del Pontificado a favor de los reyes castellanos a fin de contribuir a los gastos con motivo de las campañas bélicas contra el islam. La transformación fundamental es que se convirtieron en un ingreso ordinario de la fiscalidad regia contra los criterios que originariamente dieron lugar a su aparición.

El Papa Inocencio VIII, el 15 de Marzo de 1487, a súplica de los reyes D. Fernando y  Doña Isabel, mediante una bula, les concedió las tercias de las iglesias perpetuamente y de la manera que las habían tenido sus antecesores; y Alejandro VI dio otras dos bulas a los mismos reyes, el año 1493 una, y la otra el año 1494, que contienen la misma concesión de las tercias a perpetuidad; de ahí procede el nombre de Tercias Reales.

Todo este sistema de contribución fue extinguido a lo largo e la primera mitad del siglo XVIII mediante la desamortización de Mendizabal (1790-1836) y Madoz (1855).

En el aspecto que nos ocupa, debo hacer la observación de que el desnivel que existía (hoy retranqueado tras la remodelación), era el andén para descarga de las mercancías del diezmo.

Todo pueblo, para disfrute de sus vecinos e interés turístico, hoy día se afana por recuperar espacios y nombres que en la antigüedad tuvieron una vital importancia.

Estos  son los motivos por los que reivindico que se recupere el nombre de Plaza o Plazuela de la Tercia o de las Tercias.

Saludos

[1] El hospital de Nuestra Señora de la Concepción situado al comienzo de la actual calle de San Lorenzo de Villacarrillo (junto a la plaza de la Tercia y regentado por hermanas Dominicas, se sabe que ya existía en 1483, a través del testamento de María López, mujer de Alfonso López que manda “le den al hospital desta villa para los pebres en que se albergan, una cama con ropa e una jerga de lienzo buena e tres cabeceras, la una viexa e las dos nuebas e dos sábanas e una manta”.

PUENTE SOBRE EL GUADALQUIVIR EN SANTO TOMÉ

 

Carta del Ayuntamiento de la villa de Iznatoraf al de Cazorla en que avisan haber dado licencia al Sr. Dia Sánchez de Quesada para que en el sitio de de Santo Tomé y rio Guadalquivir pueda tener un barco y copia de la misma enviada a las villas de Villanueva y Villa Carrillo.

Iznatoraf  a 22 de Diciembre de 1534

Gobierno de España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional

 

Muy nobles Señores

Hoy día de la fecha de esta, habemos dado licencia para que el Señor Día Sánchez de Quesada pueda poner y tener un barco en el rio Guadalquivir a la par de Santo Tomé, donde mejor disposición oviere V. M. lo tengan por bien, pues es de hutilidad y provecho de los pobladores de la tierra; y pues esta no es para más, censamos nuestro Señor las muy nobles personas de V. M., es desehado desta villa de Hiznatoraf a 22 de diciembre de 1534 años.

Por mandato de los señores de Justicia y regimiento de esta villa la firmé Gonzalo García, escribano de número.

Comunicación de esta licencia a las villas de Villanueva y Villacarrillo

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A los muy nobles señores de los Concejos de Justicia y Regimiento de Villanueva y Villa Carrillo. Para que DÍa Sánchez de Quesada[1] tenga un barco en Santo Tomé.

SL2.

(1) Dia Sánchez de Quesada y Benavides, VIII señor de Gacíez, descendiente de Pedro Díaz Carrillo de Toledo, I Señor de Garcíez, hermano del Arzobispo de Toledo Gonzalo Diaz Palomeque, administrador del Adelantado de Cazorla y alcaide de la fortaleza de Quesada, fundador de Santo Tomé.