Plaza de San Francisco o de La Tercia (Villacarrillo)

san-francisco-antigua-tercia

Remodelación de la antigua plaza de la Tercia.

Me ha llamado la atención el nombre que se le ha dado a la antigua plaza de la Tercia o Tercias, que por cierto ha quedado muy bien después de su remodelación, felicidades a la corporación de D. Julián Gilaber.

Sólo hay que ponerle un “pero…”, ¿por qué se ha cambiado el nombre de La Tercia por el de Plaza de San Francisco?,  ¿en qué Pleno Municipal se acordó?;  y,  si se acordó, ¿Quién lo propuso?; supongo que sería alguien con ignorancia de la historia de su pueblo, y que por no molestarse eligió el nombre de San Francisco que es el nombre de la calle que tangencialmente discurre a lo largo de dicha plaza.

Lo llamativo del caso es que ningún miembro de la Corporación hiciera el menor alegato, olvidando que dicha plaza desde tiempo inmemorial se ha llamado “Plaza de la Tercia”, como así lo demuestra el plano  de 13 de abril de 1894 que acompaño.

dsc01137

El nombre de Plaza de la Tercia o Tercias se debe a que en ella se ubicaba la casa donde se guardaban los tributos que  los cristianos hacían desde el principio del cristianismo a la Iglesia para su manutención, obras de fábrica y caridad; dichos tributos consistían en la décima parte de los productos de las tierras, pastos y bosques que trabajaban, esta décima es la que da el nombre de “diezmos”.

Sobre la antigüedad del diezmo, podemos ver que en España, ya San Isidoro (de Sevilla), escribió en el siglo VII en su comentario al Antiguo Testamento, hablando del sacerdocio, recuerda la obligatoriedad de entregar el diezmo (décima parte) de todo lo que produjera la tierra, con la obligación que con mas justicia tienen los cristianos regenerados por la nueva Ley evangélica de contribuir así al sacerdocio de la Iglesia.

Lo que confirma que la Iglesia reconocía la obligación de pagar el diezmo desde su establecimiento.

Es en el Concilio de Maguncia, a principios del siglo IX y por mandato del emperador Carlos Augusto, en que escriben lo siguiente

Amonestamos ó mandamos que se pague exactamente el diezmo de todo, porque así previno Dios que se diese; porque es de temer que a cualquiera que quita a Dios lo suyo, tal vez Dios por su pecado le prive de lo necesario”.

Este diezmo se dividía en tres partes o “tercias”, una para obras de fábrica (construcción de iglesias, catedrales, conventos, etc.), un segundo tercio para mantenimiento de la iglesia, cálices, vestimenta, aceite, alimentación de la clerecía, obras de caridad, etc. y un último tercio para la corona.

En el aspecto de obras de caridad, debo decir que nuestra casa-almacén de las tercias, conectaba por su parte trasera con el antiguo hospital de Nuestra Señora de la Concepción[1], enclavado en la calle San Lorenzo, hoy solar.

En un principio, el impuesto a la Corona, consistía en las dos novenas partes del diezmo eclesiástico correspondiente a la tercia de fábrica entre el conjunto de los ingresos de cada diócesis, este impuesto a la Corona, tuvo originalmente en el siglo XIII un carácter extraordinario, siendo el resultado de una concesión graciosa del Pontificado a favor de los reyes castellanos a fin de contribuir a los gastos con motivo de las campañas bélicas contra el islam. La transformación fundamental es que se convirtieron en un ingreso ordinario de la fiscalidad regia contra los criterios que originariamente dieron lugar a su aparición.

El Papa Inocencio VIII, el 15 de Marzo de 1487, a súplica de los reyes D. Fernando y  Doña Isabel, mediante una bula, les concedió las tercias de las iglesias perpetuamente y de la manera que las habían tenido sus antecesores; y Alejandro VI dio otras dos bulas a los mismos reyes, el año 1493 una, y la otra el año 1494, que contienen la misma concesión de las tercias a perpetuidad; de ahí procede el nombre de Tercias Reales.

Todo este sistema de contribución fue extinguido a lo largo e la primera mitad del siglo XVIII mediante la desamortización de Mendizabal (1790-1836) y Madoz (1855).

En el aspecto que nos ocupa, debo hacer la observación de que el desnivel que existía (hoy retranqueado tras la remodelación), era el andén para descarga de las mercancías del diezmo.

Todo pueblo, para disfrute de sus vecinos e interés turístico, hoy día se afana por recuperar espacios y nombres que en la antigüedad tuvieron una vital importancia.

Estos  son los motivos por los que reivindico que se recupere el nombre de Plaza o Plazuela de la Tercia o de las Tercias.

Saludos

[1] El hospital de Nuestra Señora de la Concepción situado al comienzo de la actual calle de San Lorenzo de Villacarrillo (junto a la plaza de la Tercia y regentado por hermanas Dominicas, se sabe que ya existía en 1483, a través del testamento de María López, mujer de Alfonso López que manda “le den al hospital desta villa para los pebres en que se albergan, una cama con ropa e una jerga de lienzo buena e tres cabeceras, la una viexa e las dos nuebas e dos sábanas e una manta”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s